Blog : Energía

Francia verde, que te quiero verde.

Francia verde, que te quiero verde.

¿Se imaginan que nos paguen por ir a trabajar en bicicleta? ¿Se imaginan que todas las cubiertas de nuestras ciudades fueran vegetales? ¿Se imaginan que todos los edificios generasen energía? Quizás en un futuro lejano.

Pues lean, lean. En Francia, está surgiendo una nueva revolución. Después de aquella de “Liberte, égalité et fraternite”, parece que nuestros vecinos franceses la han cambiado por “Bicicleté, cubierté et sostenibilité”.

La Agencia del Medio Ambiente y Control de la Energía, con un incentivo de 0,25 euros por kilómetro recorrido, ha conseguido aumentar del 2% al 3,6% el uso de la bici para ir a trabajar. Esta iniciativa pionera, realizada con 18 empresas voluntarias, ha conseguido que los trabajadores que se han decidido ha sumarse a esta perciban una media de 40 euros al mes. Aunque supone una inversión importante si se expande a todo el país, el Gobierno Francés estima que será superior el ahorro en Sanidad. Esperaremos a finales de año para ver datos concluyentes de este estudio. En cualquier caso, también puede ser una buena medida para que un francés vuelva a ganar el Tour de Francia desde que lo hiciese Bernard Hinault en 1985 — modo irónico “on”.

Por otro lado, se acaba de aprobar una ley por la que todos los nuevos edificios en zonas comerciales del país deben tener sus tejados parcialmente cubiertos con plantas o paneles solares. Aunque es una propuesta que se queda a medio camino, en un buen inicio para la mejora de los aislamientos térmicos, el control de las escarnecías y la mejora de la “fauna urbana”.

Desde luego, aun queda mucho por caminar en el sendero medioambiental, pero que países punteros como Francia tomen medidas así, animará a muchos otros a seguir sus pasos, o eso deseamos.

Sin energía

Sin energía

Es evidente la necesidad de resolver los problemas de energía y sostenibilidad de nuestro planeta. El cambio climático es un hecho que empieza a afectar en varios sentidos. El período 2005-2010 ha sido el lustro más caluroso registrado, y se han incrementado las catástrofes naturales. El aumento de un 1ºC de temperatura, ha hecho que se reduzca el rendimiento de los cultivos (5-15%), que aumenten las precipitaciones (3-10%), que se incrementen las áreas quemadas ( 200-400%) o que haya más muertes por olas de calor (5-10%), entre otras.

La principal causa del calentamiento global es el aumento de CO2 derivado de las actividades humanas. Existen acuerdos mundiales para la reducción de las emisiones de CO2. Por ejemplo, España está obligada dentro del marco de la Unión Europea a reducir su generación de CO2 en un 20% respecto a 1990. Se ha estimado que esto supondrá un coste para las familias de 7.000 millones de euros.

Desde luego, son avances, pero es evidente que estas medidas son paliativas. No suponen un giro de 180º que haga encontrar el punto de equilibrio. Son medidas siempre en concepto negativo: reducción, eliminación, limitación, … y son medidas dirigidas al individuo. Se deposita la responsabilidad de estas reducciones en el usuario. Se grava el uso de energías, se fomenta la rehabilitación energética pagada por los propietarios, se solicita el reciclaje cuando en muchos casos los residuos no son finalmente tratados, se incrementan las exigencias de las normativas para la reducción del gasto energético, aumentando hasta un 15% el coste de la obra.

En la construcción de nuestras ciudades y edificaciones, nos fijamos en el consumo de los edificios una vez construidos, pero se hace poco hincapié en la energía consumida en la construcción cuando supone el 50% de la energía que gasta el edificio en su vida útil.

Otro ejemplo del despilfarro energético en el que estamos viviendo es que perdemos el 10% de la energía generada en las centrales hasta que llega al usuario final.

Desde luego, es fundamental que todos los implicados en el hábitat sumemos esfuerzos, pero no hay una concepción global de todos los estratos para buscar el punto de equilibrio.