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Game of life (El juego de la vida)

Game of life (El juego de la vida)

En 1970 John Conway presentó “Game of life”, en la columna de juegos matemáticos de Martin Gardner del número de octubre de Scientific American.

Se trata de un juego muy sencillo que equivale a una máquina universal de Turing, o lo que es lo mismo, un sistema para simular la lógica de computación.

El tablero de juego es una malla bidimensional que se extiende al infinito en todas direcciones. Cada unidad de este tablero se denomina “célula” y presenta 8 vecinos. Las “células” tienen dos estados: vivas o muertas. El estado de la malla evoluciona a lo largo de unidades de tiempo discretas (“turnos”), es decir, el turno siguiente dependerá del turno anterior. Las sencillas reglas que regirán estos “turnos” son:

  1. Una célula muerta,  con exactamente 3 células vecinas vivas, “nace”.
  2. Una célula viva, con 2 ó 3 células vecinas vivas sigue viva, en otro caso muere o permanece muerta (por “soledad” o “superpoblación”).Reglas GOL

El juego de la vida es en realidad un juego de cero jugadores, lo que quiere decir que su evolución está determinada por el estado inicial de la partida y no necesita ninguna entrada de datos posterior.

Desde su publicación, ha generado mucho interés debido a la gran variabilidad de la evolución de los patrones. Se considera que la vida es un buen ejemplo de emergencia y auto-organización, y “Game of life”no deja de ser un juego de la supervivencia, vives o mueres, unos y ceros.

Este juego ha sido aplicado en computación, sociología o inteligencia artificial. El principal interés para los científicos, matemáticos, economistas y otros, es observar cómo patrones complejos pueden provenir de la implementación de reglas muy sencillas.

Aquí os dejamos algún ejemplo del “fenómeno Fan” que ha generado desde su “nacimiento”…

https://www.youtube.com/watch?v=C2vgICfQawE

Una sociedad de solitarios

Una sociedad de solitarios

Actualmente en España 1 de cada 4 personas vive sola (un 25%), con un aumento del 300% desde 1991y  destinamos de media 2 horas diarias a redes sociales.

¿Es la soledad un problema de la sociedad actual? Os dejamos un artículo de Ángel Gabillando publicado el El país el 29 de febrero de 2012 que da mucho que pensar:

“Una sociedad de solitarios”

Francia verde, que te quiero verde.

Francia verde, que te quiero verde.

¿Se imaginan que nos paguen por ir a trabajar en bicicleta? ¿Se imaginan que todas las cubiertas de nuestras ciudades fueran vegetales? ¿Se imaginan que todos los edificios generasen energía? Quizás en un futuro lejano.

Pues lean, lean. En Francia, está surgiendo una nueva revolución. Después de aquella de “Liberte, égalité et fraternite”, parece que nuestros vecinos franceses la han cambiado por “Bicicleté, cubierté et sostenibilité”.

La Agencia del Medio Ambiente y Control de la Energía, con un incentivo de 0,25 euros por kilómetro recorrido, ha conseguido aumentar del 2% al 3,6% el uso de la bici para ir a trabajar. Esta iniciativa pionera, realizada con 18 empresas voluntarias, ha conseguido que los trabajadores que se han decidido ha sumarse a esta perciban una media de 40 euros al mes. Aunque supone una inversión importante si se expande a todo el país, el Gobierno Francés estima que será superior el ahorro en Sanidad. Esperaremos a finales de año para ver datos concluyentes de este estudio. En cualquier caso, también puede ser una buena medida para que un francés vuelva a ganar el Tour de Francia desde que lo hiciese Bernard Hinault en 1985 — modo irónico “on”.

Por otro lado, se acaba de aprobar una ley por la que todos los nuevos edificios en zonas comerciales del país deben tener sus tejados parcialmente cubiertos con plantas o paneles solares. Aunque es una propuesta que se queda a medio camino, en un buen inicio para la mejora de los aislamientos térmicos, el control de las escarnecías y la mejora de la “fauna urbana”.

Desde luego, aun queda mucho por caminar en el sendero medioambiental, pero que países punteros como Francia tomen medidas así, animará a muchos otros a seguir sus pasos, o eso deseamos.

En construcción…

En construcción…

En 1914 Le Corbusier presentó su sistema “Casa Dominó” para reconstruir una Flandes destrozada por la 1ª Guerra Mundial. Más de 100 años después, éste sigue siendo el sistema estructural constructivo empleado en la mayor parte de las edificaciones. Esto se debe a que es un sistema abierto, es decir, adaptable a múltiples situaciones. Sin embargo, este sistema consume demasiados recursos materiales y energéticos. El proceso constructivo supone más del 50% de la energía consumida en toda la vida útil del edificio. Es fundamental para lograr el equilibrio energético que se implementen nuevos sistemas de construcción sostenible en nuestras ciudades. La casa dominó ya ha hecho su servicio a la sociedad.

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Algunas de las estrategias planteadas en los últimos tiempos, como las casas y los sistemas prefabricados, tienen el inconveniente de que son sistemas cerrados, lo que dificulta enormemente su implantación. Esto limita su usabilidad y su adaptación a las condiciones constructivo-culturales de los territorios.

Aunque vivimos en un mundo globalizado, y cada vez es más común ver cómo se repiten soluciones en lugares tan diferentes como Japón o España, debemos diferenciar la globalización de la arquitectura y la globalización de las necesidades. En cualquier lugar del primer mundo, las necesidades de los ciudadanos inmersos en la cultura del bienestar son muy parecidas. Pero, ¿deben ser iguales sus arquitecturas? Claramente no. La arquitectura, además de cubrir las necesidades, debe resolver otros factores, tales como climáticos, técnicos, culturales y estéticos propios de cada territorio y cada situación. Por ello, plantear sistemas prefabricados o soluciones industrializadas cerradas es un error.

 

El cochecito leré

El cochecito leré

Un factor fundamental en la vida y en los asentamientos humanos desde la segunda mitad del siglo XX es el transporte. La distancia entre el lugar donde se trabaja y donde se vive obliga a desplazarse. Aunque las inversiones en infraestructuras y fomento del transporte público en grandes ciudades han aliviado en algunos casos el tráfico, en general no lo han resuelto. El estilo de vida imperante, dominado por el transporte individual, genera múltiples desequilibrios.GH_Coche-lere

Por un lado, la inclusión del coche en barrios históricos, no pensados ni adaptados al tráfico, produce congestiones habituales en las ciudades, aumentando tanto la contaminación medioambiental como acústica.

Por otro, los barrios creados y pensados para el coche, generan ciudades desestructuradas y faltas de espacios públicos de calidad, reduciendo grandes áreas urbanas a “barrios dormitorio”, exclusivamente privados.

El tiempo medio de desplazamientos al trabajo en España es de 28 minutos, aunque en ciudades de más de 500.000 habitantes sube a 45 minutos en transporte individual y a 55 minutos en transporte público. Es curioso ver en la tabla de tiempos modales de desplazamiento al trabajo cómo, cuando las distancias son cortas, casi el 50% de las personas va andando, aunque es más sorprendente ver que más de la mitad use su coche privado

GH_CocheTambién vemos cómo el transporte público solo se utiliza cuando el tiempo es superior. Se puede deducir que el problema fundamental está en las distancias de hasta 30 minutos y en el uso del coche privado en estos desplazamientos. En cuanto a coste por persona, el coche es el vehículo más caro tanto en mantenimiento (220 €/mes3) como por km. recorrido (0,45 €/km3), siendo además el de mayor consumo energético.

Es difícil explicarse, cómo ante estos datos, seguimos empleando el coche propio para ir a trabajar, teniendo en cuenta, además, las dificultades de aparcamiento de lasciudades y la generación de CO2 (160 gr km —el doble que un bus urbano3). Desde luego la solución para un problema tan arraigado en nuestro ADN social, no puede ser solo la concienciación.

Sin energía

Sin energía

Es evidente la necesidad de resolver los problemas de energía y sostenibilidad de nuestro planeta. El cambio climático es un hecho que empieza a afectar en varios sentidos. El período 2005-2010 ha sido el lustro más caluroso registrado, y se han incrementado las catástrofes naturales. El aumento de un 1ºC de temperatura, ha hecho que se reduzca el rendimiento de los cultivos (5-15%), que aumenten las precipitaciones (3-10%), que se incrementen las áreas quemadas ( 200-400%) o que haya más muertes por olas de calor (5-10%), entre otras.

La principal causa del calentamiento global es el aumento de CO2 derivado de las actividades humanas. Existen acuerdos mundiales para la reducción de las emisiones de CO2. Por ejemplo, España está obligada dentro del marco de la Unión Europea a reducir su generación de CO2 en un 20% respecto a 1990. Se ha estimado que esto supondrá un coste para las familias de 7.000 millones de euros.

Desde luego, son avances, pero es evidente que estas medidas son paliativas. No suponen un giro de 180º que haga encontrar el punto de equilibrio. Son medidas siempre en concepto negativo: reducción, eliminación, limitación, … y son medidas dirigidas al individuo. Se deposita la responsabilidad de estas reducciones en el usuario. Se grava el uso de energías, se fomenta la rehabilitación energética pagada por los propietarios, se solicita el reciclaje cuando en muchos casos los residuos no son finalmente tratados, se incrementan las exigencias de las normativas para la reducción del gasto energético, aumentando hasta un 15% el coste de la obra.

En la construcción de nuestras ciudades y edificaciones, nos fijamos en el consumo de los edificios una vez construidos, pero se hace poco hincapié en la energía consumida en la construcción cuando supone el 50% de la energía que gasta el edificio en su vida útil.

Otro ejemplo del despilfarro energético en el que estamos viviendo es que perdemos el 10% de la energía generada en las centrales hasta que llega al usuario final.

Desde luego, es fundamental que todos los implicados en el hábitat sumemos esfuerzos, pero no hay una concepción global de todos los estratos para buscar el punto de equilibrio.

Soledad en red

Soledad en red

Según el antropólogo Manuel Delgado: “No somos seres humanos que se relacionan, somos la relación entre seres humanos”. Uno de los factores que más ha cambiado en la sociedad actual es la manera en la que nos comunicamos los unos con los otros. Lo fundamental del ser humano, lo que nos define y nos diferencia como especie, es cómo nos comunicamos. Si esos canales de comunicación cambian, cambian las conexiones neuronales, cambia nuestro cerebro y cambia todo. Este cambio de paradigma genera una ruptura generacional entre los que se han adaptado o que han crecido en esta sociedad informacional, es decir, una sociedad que transmite su información a través de dispositivos tecnológicos, y los que se oponen a este cambio.

En España el 95% de la población tiene móvil, con la tasa de implantación más alta de Europa (126%). El 69,8% de los hogares dispone de internet y gastamos una media de 16,6€ al mes por persona en esta red. El 31,5% de la población ha efectuado en el 2014 alguna compra por internet. De media, los españoles tenemos 5,3 dispositivos electrónicos y pasamos 5,8h diarias con ellos, dedicando casi 4h a navegar por internet, de las que casi 2h se destinan a las redes sociales.

Estos datos ya no sorprenden a casi nadie. Si miramos a países como EEUU la tendencia es aún más clara. Hay estudios que estiman que los americanos destinan 1/4 de su jornada laboral a mirar redes sociales, sin un fin asociado a la empresa, y de media destinan 15 min de cada hora a ellas. Más del 20% de la población americana reconoce no poder pasar más de 2h sin mirar el Facebook y 9 de cada 10 personas usa el móvil cuando está delante del televisor. Al día, los internautas de todo el mundo, destinamos 39,76 años a estar conectados.

Claramente, la forma de relacionarnos ha cambiado. Vivimos en la Sociedad Red según la define el sociólogo Manuel Castells. No hay vuelta atrás. Lo único que podemos intentar es que estas nuevas tecnologías no generen patologías en cómo nos relacionamos. 

“La soledad no es estar solo, la soledad es no estar conectado”, parece ser el nuevo paradigma de las relaciones sociales. Pero en realidad, la soledad tiene que ver con el miedo a la aceptación social. Es más fácil ser aceptado en un mundo virtual donde los usuarios se unen por afinidades que en un mundo real donde convivimos con diferentes personas. Sin embargo, hay estudios científicos que demuestran que los más activos en la vida real también lo son en la red. Si esto es así, la red en sí misma no genera patologías, sino que es un canal más en el que se pueden expresar las personas. Incluso hace que personas con problemas de aceptación social encuentren un punto virtual de encuentro y relación. La soledad, por tanto, no la genera la red “on-line”, si no el no compartir espacios físicos.

 

   

        Manuel Castells
Viviendo en España

Viviendo en España



En España hay 25.208.623 viviendas, con un incremento de 4.262.069 ( un 20,3%) en una década, cuando el aumento de población sólo ha sido del 14,6% desde el 2001. Según los datos disponibles, el 13,7% de ellas están vacías.

Los cambios de estilo de vida y las nuevas configuraciones familiares y sociales hacen que la distribución de hogares haya variado mucho en los últimos años.

Veamos algunos datos que nos dan idea de este cambio.

El 36,4% (2.536.870) de la población entre 25 y 34 años vive con sus padres, de los cuales el 88,7% quiere emanciparse estando dispuestos a pagar entre 300 y 500 euros, siendo el salario medio español de 22.000 euros brutos anuales.

El 54,5% es alóctona, es decir, no reside en el municipio en el que nació. La movilidad en busca de trabajo y de oportunidades hacia las zonas de crecimiento es otra de las características más que reflejan estos cambios sociales.

La media de hijos en España es de 1,50 por mujer, reduciéndose a 0,6 si tiene estudios de tercer grado.

El número medio de personas por vivienda es de 2,58 descendiendo drásticamente desde los cerca de 4 que había en 1970. Uno de los datos más interesantes es el aumento de la vivienda unipersonal en un 32%. Actualmente 1 de cada 4 personas vive sola.GH_Distribución de hogares

GH_Hogares unipersonales

 

Cada vez es más habitual que la gente viva sola, siendo los solteros y las viudas los que más lo hacen. Muchos estudios hablan ya de que nos dirigimos a una superpoblación de solitarios.

Según estos datos, vemos el cambio en la estructura familiar de nuestra sociedad.

¿Se ha reflejado esto en la estructura de la vivienda construida en   los años de la burbuja inmobiliaria? Curiosamente, los datos son claros. Entre 2001 y 2011, período del gran desarrollo inmobiliario en España, la distribución de superficies de vivienda no ha variado nada, y seguimos viviendo en hogares con 96,2 m2 de media.

Las promociones inmobiliarias siguen construyendo el mismo tipo de viviendas sin importar los cambios sociales. Existe claramente un desequilibrio. Podría pensarse que la normativa aplicable es la culpable de este inmobilismo de la formalización de las viviendas, sin embargo, es posible proyectar viviendas legales con una estructura diferente.

GH_Superficie de vivienda

Con un 13,7% de viviendas vacías ( 3.443.365 ) ¿ debemos seguir construyendo lo mismo? Hablamos del parón del sector inmobiliario y de la construcción como un hecho achacable a la crisis financiera y al paro. Hablamos de la dificultad de acceso a la vivienda sobre todo para los jóvenes, pero, ¿ es la crisis o es que el sector no ofrece alternativas que resuelvan los problemas reales del mercado y que se adapten a los nuevos paradigmas?

La situación del paro juvenil en España con una tasa del 53,8% y la general del 24,5% , así como la paralización en la concesión de hipotecas, no favorece el acceso a la vivienda. Fijémonos en el régimen de tenencia de las viviendas en España en comparación con Europa.

España es uno de los países con más vivienda en propiedad, un 20% por encima de la media Europea y el doble que Alemania. El alquiler también se encuentra descompensado respecto a la media, siendo más grave la situación del alquiler social que se encuentra a 16 puntos de la media europea y a 34 de los Países Bajos.

Esta diferencia tiene mucho que ver con una cultura heredada. Es habitual escuchar que “alquilar es tirar el dinero”, ya que por lo menos cuando pagas una hipoteca, obtienes la plusvalía de la propiedad. Actualmente, el alquiler medio es de 661 € y la hipoteca media es de 776 €. Esta escasa diferencia entre ambos no ayuda a decantarse por el alquiler ( sólo un 13,5% de las  viviendas principales es en alquiler) , aunque a lo largo de la vida, vivir en régimen de alquiler es un 25% más barato. A todo esto se suma la ausencia de políticas que fomenten el alquiler.

GH_Régimen de tenencia
Esta cultura de la propiedad, entra en conflicto con otros factores socioculturales de la actualidad como la movilidad laboral. Cada vez es más común que nos desplacemos a otras ciudades para trabajar, dirigiéndonos fundamentalmente a grandes núcleos de población donde las oportunidades se multiplican. Además, la mayor parte de los contratos actuales son temporales, otro factor que hace inestable el asentamiento, y que entra en conflicto con el régimen de tenencia.

El régimen de alquiler es mayoritariamente privado y no profesionalizado. Lo habitual  es que un propietario alquile su segunda residencia de forma particular. Pocas son las entidades profesionalizadas en este sector. Solo han aparecido algunas promociones, que ante la falta de ventas, han probado a alquilar las viviendas con opción a compra, pero más como una escapada hacia adelante que por una reflexión de la sociedad actual.

 

¿crisis?

¿crisis?

En los últimos 100 años hemos pasado del descubrimiento de la penicilina a poner brazos biónicos, hemos pasado de no poder volar a poner un vehículo en Marte, hemos pasado del teléfono de tonos a hacer videollamadas. En los últimos 100 años, ¿qué ha pasado con la ciudad? ¿Por qué seguimos viviendo en modelos de hace 100 años?

Llevamos ya más de una década del nuevo siglo, ese esperado año 2000 que se vislumbraba como una nueva era en nuestra historia y en nuestra sociedad. Más allá de visiones apocalípticas o futuristas, estos primeros años han estado marcados por una crisis financiera mundial y una burbuja inmobiliaria especialmente dura en España. ¿Seguimos realmente en crisis?

Múltiples factores de nuestras estructuras sociales están cambiando: tecnologías de la información, política, relaciones sociales, energía, movilidad, educación, etc. Afectan a todos los ámbitos de la vida. Quizás debemos plantear este periodo de crisis como una oportunidad para profundizar y aprender, no pensando en recuperar tiempos pasados, sino planteando las bases de los nuevos paradigmas que guiarán la sociedad del futuro. Pasados mejores no volverán, pero futuros mejores sí.

En este contexto conocido por todos, nos hemos preguntado cómo estos cambios de paradigmas afectan a la forma que tenemos  de habitar.

Actualmente el 54% de la población mundial vive en ciudades convirtiéndose en el modelo de asentamiento por excelencia. Con una mayor densidad y concentración tanto de gente como de capital, se trata de áreas metropolitanas más que ciudades propiamente dichas. Nos encaminamos hacia las “megaurbes”. Este crecimiento exponencial de las ciudades ha provocado que se hayan desarrollado, salvo en muy contadas excepciones, sin un proyecto global que busque calidad de vida, sostenibilidad o adecuación a las nuevas tecnologías. Se fueron resolviendo los problemas según aparecían, pero se han generado otros como la polución, la dificultad de acceso a la vivienda, los problemas de movilidad, los barrios dormitorio, el despoblamiento de los centros o la soledad.

De alguna forma, podemos entender la ciudad como un organismo que se adapta, al igual que los seres vivos, al complejo medio en el que vive para ir evolucionando y desarrollando habilidades que la mantengan en equilibrio dentro de su ecosistema.