¿crisis?

¿crisis?

¿crisis?

En los últimos 100 años hemos pasado del descubrimiento de la penicilina a poner brazos biónicos, hemos pasado de no poder volar a poner un vehículo en Marte, hemos pasado del teléfono de tonos a hacer videollamadas. En los últimos 100 años, ¿qué ha pasado con la ciudad? ¿Por qué seguimos viviendo en modelos de hace 100 años?

Llevamos ya más de una década del nuevo siglo, ese esperado año 2000 que se vislumbraba como una nueva era en nuestra historia y en nuestra sociedad. Más allá de visiones apocalípticas o futuristas, estos primeros años han estado marcados por una crisis financiera mundial y una burbuja inmobiliaria especialmente dura en España. ¿Seguimos realmente en crisis?

Múltiples factores de nuestras estructuras sociales están cambiando: tecnologías de la información, política, relaciones sociales, energía, movilidad, educación, etc. Afectan a todos los ámbitos de la vida. Quizás debemos plantear este periodo de crisis como una oportunidad para profundizar y aprender, no pensando en recuperar tiempos pasados, sino planteando las bases de los nuevos paradigmas que guiarán la sociedad del futuro. Pasados mejores no volverán, pero futuros mejores sí.

En este contexto conocido por todos, nos hemos preguntado cómo estos cambios de paradigmas afectan a la forma que tenemos  de habitar.

Actualmente el 54% de la población mundial vive en ciudades convirtiéndose en el modelo de asentamiento por excelencia. Con una mayor densidad y concentración tanto de gente como de capital, se trata de áreas metropolitanas más que ciudades propiamente dichas. Nos encaminamos hacia las “megaurbes”. Este crecimiento exponencial de las ciudades ha provocado que se hayan desarrollado, salvo en muy contadas excepciones, sin un proyecto global que busque calidad de vida, sostenibilidad o adecuación a las nuevas tecnologías. Se fueron resolviendo los problemas según aparecían, pero se han generado otros como la polución, la dificultad de acceso a la vivienda, los problemas de movilidad, los barrios dormitorio, el despoblamiento de los centros o la soledad.

De alguna forma, podemos entender la ciudad como un organismo que se adapta, al igual que los seres vivos, al complejo medio en el que vive para ir evolucionando y desarrollando habilidades que la mantengan en equilibrio dentro de su ecosistema.

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